Son mías y las quiero. Aunque a veces no me gusten, no rimen y me parezcan desastrosas. Yo las visto, las saco a bailar y ellas brillan conmigo. Parecen títeres que se mueven al compás de mis manos, siguen mis pensamientos al pie de la letra y hasta discurren por mi mente a la misma velocidad que mis improvisaciones. No serán las mejores, pero a mí me alcanzan.
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