sábado, 21 de mayo de 2011

Si tan sólo pudiera borrar ese día de mis días. No era un jueves cobarde, no. Era un viernes salido de las entrañas más recónditas del mundo, un viernes viciado, un viernes impuro.
Un viernes de mierda. Eso es lo que era.
No puedo evitar recordarlo y recordarlo, todos mis pensamientos desembocan en él, de una u otra forma.

Por eso pongo en esta mesa este fe de erratas.

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